¿Para Qué?

7:07 a.m. La luz apenas entra por la ventana, por fin día 14 y ultimo de mi aislamiento

El tiempo vuela… supongo que sería antes, porque ahora el tiempo remolonea y pasa delante de nosotros con una lentitud para la que no estamos preparados. Nos ofrece un espacio que no sabemos como llenar acostumbrados a correr a ir de un sitio a otro.

7:14 a.m.  Me cuesta salir de las sabanas, decido darme la vuelta y agarrar la almohada.

Tengo esa sensación de cuando mi cuerpo sigue aun dormitando, pero mi cabeza ha decido levantarse. Y mi cabeza me lleva a hace un mes, cuando aún estábamos en el mundo de antes, en el mundo de besarnos y abrazarnos sin miedo.

Y recuerdo el ultimo día en la oficina. Conseguimos sacar la propuesta para ese nuevo cliente SIBAC o SABIC o BISAC… buff ya ni me acuerdo, que rápido se olvida lo accesorio.

Empecé a toser como a media mañana, aun había más risas que preocupación en la gente, que poco preparados estábamos¡. Según avanzó el día me encontré peor, pero no mal, y pensé que había pillado un buen catarro.

Me llamo Juan a su despacho y me abrazo como siempre lo hace él, cuando sabes que el que te lo da te aprecia, estos comerciales son la leche. Y nos reímos un rato como siempre y nos quejamos de la empresa como siempre.

7:27 a.m. No me quiero levantar aun, porque minutos que antes eran valiosos para evitar un atasco ahora te regalan más descanso

Que lejos queda todo y que ocupados estábamos de un lado a otro dando todo por sentado. Esta era una generación donde las cosas solo habían pasado en las historias de nuestros abuelos.

El martes pasado empezó a complicarse el tema, pasé a tener de golpe 38,5º ¡yo que nunca tengo fiebre! y la tos seca me quemaba, por ratos me faltaba el aire. Me acojoné, me acojoné como nunca antes, maldije haberme venido solo a esta ciudad, en este piso minúsculo y no poder estar con mi gente.

Llame a 112 y la doctora Marín me cogió el teléfono, se la notaba cansada pero firme como quien cumple su misión en medio del caos. Me escuchó y me tranquilizó porque supongo no les quedaba otra, supongo los otros estarían mucho peor que yo, supongo porque es lo que dice el protocolo, yo que sé. Al final cuando colgó, ella se quedó con el diagnóstico y yo con mi miedo y mi soledad.

7:45 a.m.  Me levanto, voy hacia el espejo de la entrada, me miro y no me reconozco

Estábamos ocupados en cuadrar el balance, ocupados en vender algún producto más, ocupados en ocupar nuestro tiempo libre, en fin, ocupados en estar ocupados.

Pero ¿Para qué?

“¿Para qué?” es una pregunta clave… te lleva más allá del “¿Por qué?”

El “¿Por qué?” es más concreto y directo, requiere de una respuesta rápida y asertiva… pero el “¿Para qué?” requiere de una reflexión en la respuesta que te obliga a un compromiso.

Al “¿Por qué?” se le puede engañar… al “¿Para qué?” no puedes pues te engañarías a ti mismo.

¿Para qué trabajas? ¿Para qué entrenas? ¿Para qué quieres una familia? ¿Para qué quieres el dinero? ¿Para qué quieres que te quieran?…

Si nos preguntásemos más veces el “¿Para qué?” antes de hacer las cosas, haríamos muchas mas cosas que realmente amamos y dejaríamos aquellas que solo nos ocupan tiempo.

Me recuperé rápido afortunadamente, para el jueves por la mañana me sentía ya con fuerzas y solo quedaba un cansancio como antes no había tenido.

De repente, y aún recuerdo la hora 17:45, entró una llamada de Juan y solo con su primer “Hola” me recorrió un escalofrío… apenas podía respirar y hablaba entrecortado, estaba en el hospital pero me intentaba tranquilizar diciendo que otros estaban peor, porque siempre hay otro peor.

Hablamos 5 minutos, cada frase era un logro para él, estaba animado como siempre, pero es que estos comerciales cuando no están animados.

Cuando le colgué me puse a llorar de miedo.

7:57 a.m.  Llevo 10 minutos mirándome delante del espejo, buscándome a mi mismo, cuando una lagrima acaba saliendo de mi ojo y resbala por mi mejilla con la misma lentitud que pasa ahora el tiempo

La mayoría de mi aislamiento fue muy llevadero, la Dr. Marín llamaba diligentemente todos los días para mi seguimiento y mis vecinos me proveían de todo lo necesario para mi supervivencia… y si incluido el papel higiénico que el abuelo del 3º bajo amablemente.

Las noticias las deje de escuchar hace ya días, en las guerras el parte diario de bajas no anima escucharlo.

De repente aquella tarde vibró el IPhone y era un correo del trabajo, lo tengo activado para que que avise si llega un correo del alguien del Comité de Dirección. Y cierto era de María la CEO… solo pude leer las primeras palabras “Lamentamos comunicar que Juan….”

Pasé la tarde en el sofá, llorando a ratos y desesperando a otros ratos, preguntando “¿Por qué?”

8:13 a.m.  Me ducho y dejo caer por mi cuerpo el agua caliente, casi ardiendo, por mucho mas tiempo del normal, total hay tiempo… mucho tiempo

Estos dos últimos días he recuperado mucho el ánimo, es curioso como la distancia social ha hecho mucho más cercanas las amistades y los afectos, la gente del colegio, de la Universidad, los del gimnasio, los amigos de toda la vida… todos en una lucha común por cuidarse unos de otros, de rebaño amenazado que no se deja vencer. De sacar una sonrisa unos a otros cuando el cuerpo pide rendirse.

Y luego están los aplausos de las 8 de la tarde, en reconocimiento a los que luchan en primera línea, pero también como refuerzo de comunidad que lucha unida, lo concreto y cercano de un aplauso frente a un tweet lejano e impersonal siempre es mejor.

8:27 a.m.  Desayuno las dos últimas rebanadas de pan que me quedan y unos cereales con leche.

Desayuno saboreando la comida, he aprendido estos días a comer mucho más relajado, así como en muchas otras cosas, he tomado conciencia aquello que voy haciendo a lo largo del día, ahora soy menos burócrata de mis propios actos.

Estoy algo nervioso, es acojonante, nervioso por salir a la calle… pero 14 días aislado en estos 40m2 han sido demasiado

Me visto lentamente, abro la puerta de casa como quien pide perdón por salir de donde nunca debió de estar encerrado, llamo al ascensor, ¿vendrá alguien en él?, cuando se abre la puerta no se ve a nadie, entro y doy al bajo, al llegar las puertas se abren, salgo y abro la puerta de la calle.

Hace aire fresco, el dia es gris y caen algunas gotas, miro hacia arriba, respiro una y otra vez mientas caen sobre mi cara varias gotas que disfruto mientras se resbalan hacia mi cuello.

Me siento libre por primera vez en mucho tiempo…. Ahora es momento de volver a la normalidad, pero… ¿PARA QUÉ?

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